Había una vez… ¿Este es el día?

“Todo el mundo sabe que se va a morir pero nadie se lo cree.
Allí en el despacho de Morrie, la vida se vivía día a día y cada día era precioso. Ahora estábamos sentados los dos a poca distancia de la última novedad de la casa, un aparato de oxígeno. Era pequeño y portátil, llegaba aproximadamente a la altura de la rodilla.

Algunas noches, cuando Morrie no aspiraba el aire suficiente para poder tragar, se conectaban a la nariz los largos tubos de plástico que se le adherían a la nariz como una sanguijuela. No me gustaba nada la idea de que Morrie estuviera conectado a una máquina, e intentaba no mirarlo mientras él hablaba.
—Todo el mundo sabe que se va a morir —volvió a decir—, —pero nadie se lo cree. Si nos lo creyéramos, haríamos las cosas de otra manera.
—De modo que no nos engañemos acerca de la muerte —dije yo—.
—Si, pero existe un planteamiento mejor. El de saber que te vas a morir y estar preparado en cualquier momento. Eso es mejor. Así, puedes llegar a estar verdaderamente más comprometido con tu vida mientras vives.
—¿Cómo puede uno estar preparado para morir? —dije—.
—Haz lo que hacen los budistas. Haz que todos los días se te pose en el hombro un pajarito que te pregunta:
¿Es este el día?
¿Estoy preparado?
¿Estoy haciendo todo lo que tengo que hacer?
¿Estoy siendo la persona que quiero ser?
—Volteo la cabeza hacia su hombro, como si tuviera allí el pajarito en aquel momento.
—¿Es este el día en que voy a morir?
—La verdad Mitch, —me dijo— cuando aprendes a morir, aprendes a vivir”.

Tomado del libro “Martes con mi viejo profesor”- escrito por Mitch Albom.

 

En los seminarios sobre duelo y muerte, las personas suelen expresar que pocas veces han pensado en la muerte, curiosamente consideran que la muerte o los duelos, los viven los otros, los vecinos o se encuentra en las noticias y muy pocas veces piensan que ello, es asunto también de ellos.
Algunos autores coinciden en afirmar que el tener la certeza de la finitud puede ser un excelente recurso para generar hábitos, actitudes, valores y vínculos, que nutran las relaciones con los demás y de manera especial pueden llevar a un ser humano a asumir compromisos de vida y con la vida.
Esto significa que poco a poco, muchas prioridades cambien de lugar en la lista de las necesidades diarias. Un ejercicio interesante para apoyar esta gestión personal, es darse un espacio de tiempo en soledad para preguntarse:

• ¿Cómo se siente con lo que está haciendo?
• ¿Con la familia, el trabajo, los estudios, los amigos, el entorno social, los gustos, las emociones?
Otras preguntas que pueden dar luces en este ejercicio son:
• ¿Se siente feliz con lo que está haciendo?
• ¿Qué le hace falta para sentirse feliz?
• ¿Qué es lo que lo hace infeliz?
• ¿Ha hecho feliz a otras personas?
• ¿Sus acciones o palabras han dado origen a sufrimientos en los demás?
• ¿Sus respuestas o reflexiones le motivan a realizar cambios en su comportamiento?

Si es así, arriésguese a colocarle fechas a esas transformaciones, busque que sus acciones tengan un impacto significativo para su vida y para los seres humanos con quienes comparte su existencia.
Dese cuenta de qué asuntos pendientes tiene y comience a realizarlos: llamadas, encuentros, gestos, abrazos, actos de generosidad, deudas afectivas; déjese conmover por el dolor de otros, no se quede solo en la queja de que el tiempo no alcanza, lo que tenga que hacer hágalo, este es el tiempo que tiene, ¡despierte!
De igual manera, así como muchas personas tienen una lista de tareas para culminar antes de morir, es interesante realizar otra lista con las cosas que no se quieren volver a repetir: ¿Cuáles no quisiera volver a vivir usted?
¿Es este el día? Preguntaba Morrie y lo decía con desapego, y con una asombrosa capacidad para disfrutar de las cosas simples que tenía a su alrededor, quería especialmente dejar esta enseñanza: “Cuando aprendes a morir, aprendes a vivir”.

Escrito por Fanny Bernal Orozco (Psicóloga) fannybernalorozco@hotmail.com
Artículo extraído de La Patria. Profesora Titular Universidad de Manizales.

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