Había una vez… Equipajes para la vida

La presente historia está narrada así: “Cuando yo era adolescente, estaba un día con mi padre haciendo cola para entrar al circo. Al final solo quedaba una familia entre la ventanilla y nosotros. Eran ocho hijos, menores de doce años. Se veía que no tenían mucho dinero. Los chicos eran bien educados, hacían bien la cola tomados de la mano. Se notaba que nunca antes habían ido al circo.

El padre y la madre estaban al frente del grupo, de pie orgullosos. La empleada de la ventanilla preguntó al padre cuantas entradas quería. El respondió con orgullo:
—“Por favor déme ocho entradas para menores y dos para adultos. —La empleada, le indicó el precio—.
—La mujer soltó la mano de su marido, ladeó su cabeza y su labio comenzó a torcerse. Este se acercó un poco más y preguntó:
— ¿Cuánto dijo? —La empleada volvió a mencionar el precio—.
¿Cómo iba a darse vuelta y decir a sus ocho hijos que no tenía suficiente dinero para entrar al circo?
Viendo lo que pasaba, papá puso la mano en el bolsillo, sacó un billete de veinte dólares y lo tiró al suelo. (¡Nosotros, no éramos ricos en absoluto!). Mi padre se agachó, recogió el billete, palmeó al hombre en el hombro y le dijo:
— “Disculpe, señor, se le cayó esto del bolsillo”.
El hombre se dio cuenta de lo que pasaba. No había pedido limosna, pero, sin duda, apreciaba la ayuda en una situación desesperada, angustiosa e incómoda. Miró a mi padre a los ojos, con sus dos manos le tomó la suya, apretó el billete y le dijo a mi padre:
—Gracias, gracias, señor. Esto significa mucho para mí familia y para mí.

Papá y yo regresamos a casa. Esa noche no fuimos al circo, pero no nos fuimos sin nada”.

Historia de Dan Clark, en el libro: Otra taza de “Chocolate Caliente para el Alma”, de Jack Canfield.

 

Muchos autores coinciden en afirmar que los ejemplos sirven para enseñar y que son modelos fáciles de imitar, esta historia se quedó grabada en la memoria de este chico, pero, no por no haber asistido al circo, o porque su padre hubiera preferido entregar su dinero, en vez de invertirlo en ellos dos, sino porque tuvo un gesto de bondad con otras personas completamente desconocidas.
Por otra parte, la actitud del hijo no fue de berrinche, como suele suceder cuando no obtienen lo que quieren, más bien sintió que lo que el padre decidió era lo que había que hacer y se unió a la actitud del padre.
A propósito:
• ¿Usted considera que da buen ejemplo?
• ¿Sus hijos se sienten orgullosos de usted?
• ¿En su vida, hay coherencia entre lo que dice, siente y hace?
• ¿En qué momentos es usted más sensible?
• ¿Cree que le falta bondad a sus actitudes?
• ¿Compartiría su dinero con un desconocido?
• ¿Qué siembra usted en sus hijos?
• ¿Qué aprendió usted al respecto cuando era niño?
• ¿Quién se lo enseño?
El ejemplo de los padres, se convierte en equipaje para la vida, e influye en la manera como se tejen las relaciones con los otros y mejor aún, fortalece la autoestima, cuando se practica como parte de un estilo de vida, eso significa entonces, que acciones como la de esta historia no son hechos aislados, son elecciones para vivir mejor, y hacer sentir bien a los demás.
Circunstancias como las narradas hoy tal vez no sean frecuentes, si se tiene en cuenta que se conjugan más los siguientes verbos: tener, comprar, gastar, invertir, mostrar, aparentar, que los verbos compartir, ayudar o comprender. En muchas ocasiones se ignoran las necesidades y afugias que tienen los otros, empezando por las personas que se tienen cerca, no siempre proximidad quiere decir apoyo o cercanía emocional.
Esto significa que los actos generosos deben ser vividos primero en casa, entre los miembros de la familia, como parte de las alianzas afectivas. No es lo mismo crecer en la indiferencia y en la apatía, que crecer entre manifestaciones de ternura, comprensión, amistad y cimentación de los valores. Finalmente pregúntese lo siguiente:
• ¿Tiene usted dificultades para pedir ayuda?
• ¿Cree que quienes le rodean tienen que adivinar sus necesidades?

Escrito por Fanny Bernal Orozco (Psicóloga) fannybernalorozco@hotmail.com
Artículo extraído de La Patria. Profesora Titular Universidad de Manizales.

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