Había una vez… Asuntos pendientes y duelo (II)

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“En este momento yo no sabría decir cuál muerte es más dolorosa, hace 15 años murió mi padre, yo tenia 38 años y estábamos esperando a mi segundo hijo. Mi papá y yo vivíamos alejados, era fuerte y exigente conmigo y yo tenía mucha rabia con él, todo pasó tan de prisa; entre las novenas y el nacimiento del niño transcurrieron pocos días, como 20 y creo que mi dolor lo guardé para ponerle toda mi atención al bebé, que afortunadamente no tuvo ninguna complicación.

Ahora con la muerte de mi madre, se me han revolcado todos los recuerdos, la enfermedad, el ir al hospital, me he sentido muy triste y confieso que además un poco culpable; considero que yo he debido de invertirles más tiempo y no quedarme pensando que el cuidado es solo cosa de mujeres. En estos días he recordado muchas cosas de cómo mi mamá nos trataba, ella era como una hormiguita, activa y alegre, siempre tenía la respuesta perfecta. Cuando murió papá se derrumbó. Ahora pienso que yo poco sabía de la relación de ellos dos, no se si eran felices o estaban acostumbrados a estar juntos, eso ya no importa, lo que si importa es que ella se dedicó a cuidarlo. Creo que más que amor tenía devoción en todos los gestos y palabras que le decía, en eso nos dio un gran ejemplo.
En estas noches que no he dormido, quisiera devolver el tiempo y llegar a casa de mi madre y decirle lo importante que es para mí, todo me da vueltas, esta enfermedad que se la llevó tan rápido yo nunca pensé que fuera definitivo, si lo hubiera sabido, yo habría tomado una actitud diferente.
Yo la llamaba a veces en la semana, pero, es cierto que pasaban períodos sin ir por allá; yo estaba estudiando por la noche y salía tarde y cansado. Ella me daba ánimos, me decía: “muy bueno que estudie y que salga adelante para que sus hijos se sientan orgullosos de usted.”
¿Qué hago? me duele ella, me duele mi papá. Cuando me llamaron ya era tarde, aunque yo fui al hospital el fin de semana, le hice visita común y corriente y me despedí, no se me pasó por la cabeza que no la volvería a ver viva, esto es como una pesadilla y no creo que tenga fuerzas para sobreponerme. En mi casa, mi señora dice que tengo que superarlo; que ahí están los niños, pero no, qué va, ella que va a entender que esto no es como un dolor de cabeza y que mamá es mamá.”

Historia de vida – narrativa de un sobreviviente.

 

Las reacciones ante las pérdidas de los seres que amamos son siempre distintas, los vínculos afectivos, relaciones e historias tejidas con cada familiar marcan la diferencia. Por otra parte, los duelos no resueltos, es decir, no elaborados adecuadamente, tienden a reaparecer y en algunas ocasiones con más fuerza, esto pone en evidencia la tarea de transitar el camino del dolor, por más penoso que éste sea. A la mayoría de los seres humanos no nos gusta sentir dolor, pero ello no significa que la aflicción no exista.
La historia de hoy nos lleva a pensar en varias situaciones: la primera, es que este hijo, tiene varios asuntos pendientes con papá y con mamá, lo que aparentemente agudiza y torna complejo el proceso de duelo. Cuando en la relación con los seres que amamos vamos sanando las dificultades, roces o malentendidos que surgen en la cotidianidad, es más sencillo comenzar a hacer afrontamientos del dolor, lo segundo es que, pese a esas mismas historias difíciles de entender o de perdonar, hay que deponer la rabia. Tantas personas acumulan rabias contra los muertos; no es posible que haciendo un balance de la relación, pese más la rabia, que el amor o la gratitud.
Cabrían aquí estas siguientes preguntas:
• ¿Por qué a algunas personas les cuesta tanto prodigar amor o cuidados a sus seres queridos?
• ¿De qué sirve la culpa, cuando los nidos están vacíos?
• Si pudiera devolver el tiempo, ¿Qué palabras quisiera decirle a su ser querido?
• ¿Cree que puede, a pesar del dolor, resignificar sus pérdidas?
• ¿Para qué sirven los asuntos pendientes?
• ¿Qué se puede aprender de las culpas?

La muerte de los padres es un acontecimiento doloroso y a pesar de que por diferentes razones estemos quizás alejados de ellos, esto no significa que no haya un vínculo real, emocional y simbólico que nos ponga, a pesar de las diferencias, en la tarea fundamental de honrar su memoria a través de la aceptación y del perdón.

Escrito por Fanny Bernal Orozco (Psicóloga) fannybernalorozco@hotmail.com
Artículo extraído de La Patria. Profesora Titular Universidad de Manizales.

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