Había una vez…Del duelo y las ausencias

“Lloró por la muerte de su marido, por su soledad y su rabia. Y cuando entró en el dormitorio vacío lloró por ella misma, porque muy pocas veces había dormido sola en la cama desde que dejó de ser virgen.Todo lo que fue del esposo le atizaba el llanto: las pantuflas de borlas, la pijama debajo de la almohada, el espacio sin él en la luna del tocador, su olor personal en su propia piel.

La estremeció un pensamiento vago: La gente que uno quiere debería morirse con todas sus cosas.”

Gabriel García Márquez, en El amor en los tiempos del cólera. Ed. Oveja Negra, Colombia 1985. Pág. 74

La muerte de nuestros seres queridos, puede ser una experiencia dramática y hasta demoledora, en tanto que, a pesar de ser la muerte una inexorable realidad la mayoría de las veces nos asusta, nos da miedo quedarnos sin las personas que amamos, y también nos duele pensar en el mundo sin nosotros.

En el proceso de aceptar, de despedir, de desapegarse, de romper los vínculos, son innumerables las anécdotas, quisiéramos detener el tiempo en cada remembranza, las miradas, la risa, una canción, un escrito en la pagina de un libro, las recetas de los días importantes, las peleas, la indiferencia, el amor o el desamor, todo pasa como en una película, en imágenes que nos confrontan con la realidad.

La experiencia de duelo está íntimamente unida, al papel que desempeña cada integrante de la familia, los amigos, los compañeros y la calidad de relación que se hubiese tejido, si bien hay pérdidas que son liberadoras y permiten el descanso y el sosiego, hay otras que desestabilizan y generan incertidumbre y desesperanza.

Cuando participamos sinceramente en vivencias de duelo, es importante analizar si se está asumiendo desde el amor, la culpa, la vergüenza, la rabia, la gratitud o el perdón; quizás hay que integrar todas estas emociones, y dejar fluir, poco a poco, paso a paso, el dolor, hacer balance de lo vivido e invertir en la vida y en los vivos.

Transitar el sendero del duelo puede transformar la vida misma, cuando se está abierto a asumir las emociones y los sentimientos con sinceridad, permitiendo que cada aprendizaje se convierta, en una manera de homenajear la memoria de los seres queridos ausentes y en una oportunidad para reflexionar sobre la vida, al fin y al cabo a todos se nos esta acabando el tiempo. Dicen algunos autores, que la muerte es una maestra, a propósito: ¿qué lecciones ha aprendido usted?. ¿Si el ser por el que esta usted en duelo volviera, qué le diría?

¿Cambiaría su manera de decir las cosas o de hacerlas, el regreso de su ser querido?

¿Si pudiera hacerlo, con qué recuerdos quisiera detener el tiempo?

¿Ha pensado, que siempre se puede compartir más?

Aprender a despedirnos, no es una tarea fácil, pueden ser de gran ayuda, la generosidad y el respeto, para vivir las relaciones; perdemos tiempo precioso en cosas sin importancia, armamos dramas, nos callamos las palabras amorosas y aplazamos los gestos afectivos, para después tratar de darle vida a los recuerdos.

 

Escrito por Fanny Bernal Orozco (Psicóloga)
fannybernalorozco@hotmail.com
Tomado de la columna dominical: Había una vez. Diario La Patria. Febrero 11 de 2007.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Contáctanos

La Aurora Funerales y Capillas
«Porque siempre hay un nuevo amanecer»

Sede principal:
PBX: (6) 899 77 00
Calle 50 No. 24-34, Manizales, Caldas.

Líneas nacionales gratuitas:
01 8000 413 833
01 8000 916 966

Teléfono móvil nacional:
(03) 312 230 72 30

Email: contacto@laaurora.co
Página web: www.funeraleslaaurora.com
Facebook: @funeraleslaaurora
Youtube: La Aurora Funerales y Capillas

Síguenos en