Se cuenta que Buda fue le hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el sufrimiento humano ni desarrollo tanto la benevolencia y la compasión. Se dice que entre sus primos se encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro, empeñado en desacreditarlo y desear, incluso, su muerte. Cierto día Buda estaba paseando tranquilamente y Devadatta, escondido en la cima de una colina, le lanzó una pesada roca a su paso.
No obstante, la roca no daño a Buda, quedando sólo cerca de él. Así pues Devadatta no consiguió su objetivo. Buda se dio cuenta de lo sucedido, pero permaneció impasible sin perder su sonrisa.
Días después, Buda se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente. Muy sorprendido, Davadatta le preguntó: -¿No estás enfadado primo? -No, claro que no.¿Por qué no estás enfadado si sabes que he intentado matarte?. Buda respondió:
-Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando fue arrojada. Para el que sabe ver, todo es transitorio; para el que sabe amar, todo es perdonable. (Tomado de Aplícate el cuento)
Dicen que el perdón es la tarea más difícil del amor, quizás porque perdonar requiere tiempo y paciencia para curar las heridas; para la memoria emocional no es fácil olvidar y el recuerdo de las ofensas y las agresiones pueden aumentar el dolor y el enojo.
Uno de los pasos del perdón es aligerar la carga de rabia y frustración que se teje, a partir del momento en que nos sentimos lastimados; cuando no se deja fluir el rencor, éste se convierte en una cárcel y nos convierte en sus prisioneros.
La libertad se pierde cuando nos sentimos anclados a situaciones inmodificables, que han sucedido en el pasado, lo que si podemos cambiar, es nuestra manera de reaccionar frente a tales situaciones; aferrarse a la ira enferma, estresa e indispone no solo con la persona con la que se ha vivido un conflicto, sino también con el entorno.
Es necesario entonces, practicar la ecología emocional, con el fin de recobrar y mantener la paz interior, para ello es fundamental ejercitar la no violencia en el lenguaje, los gestos, las actitudes y los hábitos.
Perdonar, perdonarse, pedir perdón, son experiencias renovadoras que invitan a sanar, a limpiar la maleza que se encuentra en nuestro camino y a trascender nuestro peregrinaje por la vida.
A propósito qué reflexiones se hace frente a:
¿Se siente prisionero de la rabia y el resentimiento?
¿Tiene usted historias de su vida para perdonar?
¿Es más importante la rabia que el amor?
El perdón libera, enriquece el entorno y brinda calidad a las relaciones y vínculos afectivos, y cuando éste se asume como tarea de vida, se puede aprender que todo en esta existencia es transitorio y que no hay nada imposible de perdonar.
Escrito por Fanny Bernal Orozco (Psicóloga)
fannybernalorozco@hotmail.com


