“Conozco una maravillosa anécdota que versa sobre un huevo y una papa.La mujer que me la contó decía que pensaba en esta anécdota, siempre que tenía problemas. Hace muchos años, cuando ella y su esposo vivían en la India, su bebé de seis meses se enfermó y murió.Un anciano caballero hindú se enteró de su pena, acudió a consolarlos y les dijo: -Una tragedia como ésta es similar a ser sumergido en agua hirviendo.
Si eres un huevo, la aflicción te hará duro e insensible. Si eres una papa, emergerás suave y flexible, elástico y adaptable. ¿Cuál quieres ser?.
Mi amiga me comentó:
-Tal vez le suene extraño a Dios, pero hay ocasiones en las que he rogado:
¡Oh, señor, permíteme ser una papa!”
Tomado de “Déjalos ir con Amor” de Nancy O`Connor
Cada ser humano tiene una manera particular e íntima de asumir el dolor ante una situación de pérdida, y la forma como los afronte, está unida a las experiencias de vida, características, recursos emocionales con que cuente, a lo que construya y algo muy importante, a la red de apoyo que le acompañe.
En general no estamos preparados para sentir dolor y menos aún, si es por la muerte de los seres queridos, con quienes se han tejido afectos e historias, las cuales hacen parte de la biografía de cada ser humano.
Sin embargo, la muerte está ahí, es una realidad, no nos podemos esconder, disfrazar, ni huir de ella, cambiarle el nombre, ni usar eufemismos, lo único real, es que es la más temida de las ausencias.
Nuestra propia muerte o la muerte de otros, nos lleva a pensar, a reflexionar, si lo vivido hasta el momento, ha sido significativo, nos acerca a una evaluación y meditación de lo que se ha dejado de hacer.
Algunas experiencias de muerte dejan aprendizajes para la vida y aunque suene paradójico, pasado un tiempo, al decantar los sucesos de la pérdida, estos mismos se convierten en fuerza para orientar y resignificar las relaciones y los vínculos afectivos.
La historia de hoy nos habla de cómo el dolor puede transformar un ser humano, luego entonces, cabe preguntar:
¿Usted se identifica con la papa o con el huevo?
¿Cuál de las dos alternativas, le ayudan más en la aflicción?
¿Ha solicitado apoyo, cuando ha estado viviendo un duelo?
¿Considera que lo mejor es reprimir el dolor?
¿Cree que los demás minimizan su dolor?
¿Piensa que empezar a superar el dolor, es una especie de traición para con la persona muerta?
¿Entre ser duro e insensible, suave y flexible, cual se ajusta más a su personalidad?
¿Ha pensado que prepararse para las pérdidas?
¿Cómo lo está logrando?
¿Si ha vivido duelos, éstos que experiencia le han dejado?
Finalmente, si bien es cierto que hay que homenajear el recuerdo de nuestros seres queridos muertos, poco a poco una de las tareas más importante de un duelo es aprender a invertir el tiempo, la energía y los afectos, en los vivos y en la vida.
Escrito por Fanny Bernal Orozco (Psicóloga)
fannybernalorozco@hotmail.com


