Un campesino inculto, de edad avanzada, llegó a las puertas de un monasterio. Cuando le abren dice lo siguiente: -Amigos monjes, soy un hombre con mucha fe, quiero recibir enseñanzas. Los monjes hablan entre sí, al margen del recién llegado. Al comprobar su incultura piensan que no está capacitado para recibir enseñanzas y mucho menos métodos de autodesarrollo, pero como parece un hombre de fe le dicen:
-Mira buen hombre, te vas a hacer cargo de barrer todos los días el monasterio. Puedes quedarte aquí y tendrás sustento y alojamiento. Meses después, los monjes comienzan a ver que el campesino se encuentra más tranquilo, con una sonrisa en los labios y un brillo especial en los ojos. Exhala sosiego, los monjes extrañados le preguntan:
-Buen hombre parece que en estos días has sufrido una gran evolución espiritual. ¿Estás practicando algún método especial? Y el hombre contesta:
-Hermanos, lo único que hago, con lucidez y amor, es barrer el monasterio, pongo toda mi atención en ello. También, al barrer la basura, pienso que estoy barriendo de mí los rencores, engaños, codicia y odio. Y así cada día soy feliz
Del libro Terapia Espiritual de Ramiro Calle. Ed. Temas de Hoy. España 2000. Pág 155
En algunas ocasiones puede suceder que la verdad no se vea, en otras circunstancias, la verdad, no se quiere ver e influyen en esta actitud, las emociones y los sentimientos.
La conciencia del vivir está unida al sentir, no se puede asumir la verdad, ni conocerla, cuando se reprimen o eluden emociones o cuando se desconecta de la realidad, sea cual sea el mecanismo que se utilice para alejarse del sentir, lo claro es que se está perdiendo el contacto con su ser interior.
La posibilidad de “ver, sentir y cambiar” surge de una conciencia abierta y libre, la vida espiritual se fortalece al darse cuenta de que las más grandes limitaciones brotan de la propia mente. Así entonces, si es la mente la que obstaculiza el ver, también es cierto que una mente armonizada puede facilitar el conocimiento de la verdad, sin embargo es importante saber que existen acciones que entorpecen la evolución espiritual, una es la forma como se interpreta la realidad y otra la manera como se juzga.
Esta interesante historia invita a pensar en cómo, a través de acciones simples y cotidianas se puede serenar la mente y cómo se puede equivocar a partir de una interpretación errada de la realidad de los otros.
¿Qué emociones tiene usted para barrer?
¿Sabe qué acciones le generan serenidad?
¿En qué tiene más habilidad, en interpretar o en juzgar?
¿Le ha hecho daño a otras personas, con su modo de juzgar?
Es necesario aprender a barrer y botar toda la basura emocional que le intoxica y que por diferentes razones se acumula, para darle paso a “la lucidez y al amor”
Escrito por Fanny Bernal Orozco (Psicóloga)
fannybernalorozco@hotmail.com


