Cierta vez un hombre decidió consultar a un sabio sobre sus problemas. Después de un largo viaje pudo dar con el sitio donde el Maestro vivía. -Maestro, vengo a usted porque estoy desesperado. Todo me sale mal y no sé que más puedo hacer para salir adelante. El sabio le replicó: -Puedo ayudarte con esto. ¿Sabes remar?
El hombre contestó que sí. Entonces juntos subieron a un bote y remaron hasta el centro del lago.
-¿Va a explicarme ahora cómo mejorar mi vida?
Al llegar al centro del lago, el maestro le dijo que arrimara su cara todo lo que más pudiera al agua y le dijera que veía. El hombre, pasó casi todo su cuerpo por encima de la borda del pequeño bote y tratando de no perder el equilibrio acercó su rostro todo lo que pudo, aunque sin entender mucho para qué estaba haciendo esto. De repente, el anciano le empujó y el hombre cayó al agua. Al intentar salir, el sabio le sujetó la cabeza con ambas manos e impidió que saliera a la superficie. Desesperado, el hombre manoteó, pataleó, gritó inútilmente bajo el agua. Cuando estaba a punto de morir ahogado, el sabio lo soltó y le permitió subir a la superficie y luego al bote. Una vez en el bote, el hombre le gritó:
-¿Está usted loco? ¿No se da cuenta de que casi me ahoga?
Con el rostro tranquilo, el maestro le preguntó:
-Cuando estabas bajo el agua, ¿en qué pensabas?, ¿qué era lo que más deseabas?
-¡Respirar, por su puesto!
-Bien, pues cuando luches para salir adelante con la misma vehemencia con la que pensabas, en ese momento, respirar, entonces estarás preparado para triunfar.
Tomado de “Aplícate el cuento” de Jaume Soler y M. Mercè Conangla
La palabra vehemencia, significa vigor, fuerza, coraje, deseo hecho acción, para llevar a cabo las cosas que cada uno se ha propuesto, sin embargo frases como: “Todo me sale mal”, “No se que más puedo hacer para salir adelante”, son barreras que obstaculizan los logros e impiden enfocar la creatividad y la motivación hacia la apertura de nuevas oportunidades.
Es posible romper con la pauta que se asume, frente a ciertos acontecimientos de la vida, no se puede responder que siempre lo ha hecho así y que ya no se va a cambiar, es importante tener claro que solo usted es el dueño de su destino y nadie más y que las decisiones que tome, adecuadas o no, hacen parte de su inventario personal.
Las tormentas en la vida no son eternas, éstas pasan y cuando terminan se ve, si se quiere ver, con claridad, lo que ha quedado, lo que se ha aprendido, si se ha aferrado al pasado, al dolor, a la rabia, al no puedo, si necesita con urgencia aligerar ese equipaje emocional tan pesado y liberarse.
Puede también ser posible que no le interese dejar las quejas y el papel de víctima, éste contiene muchas ganancias secundarias, sin embargo aunque pueden ser muy poderosas terminan por cansar a los demás.
¿Se ha sentido alguna vez “hundido” en la desesperación?
¿Se ha hundido solo o sola?
¿L e sobra o le falta a usted vehemencia?
¿Cree que puede responsabilizarse de triunfar?
¿Está preparado (a) para transformar sus quejas?
De uno a diez, califique su coraje
Anímese a reflexionar y a romper patrones y conductas poco sanas, no siempre se encuentra en el camino, un sabio como el de esta historia, con el don de movilizar las emociones y los valores hacia el triunfo.
Escrito por Fanny Bernal Orozco (Psicóloga)
fannybernalorozco@hotmail.com
Tomado de la columna dominical: Había una vez. Diario La Patria. Julio 1 de 2007


