Había una vez… A propósito del perdón

la-aurora-funerales-a-proposito-del-perdon-oct-27-2014Un día, el Maestro nos pidió de tarea que lleváramos papas crudas y una bolsa de plástico. Nos dijo que pusiéramos en la bolsa plástica una papa por cada persona a la que le guardábamos resentimiento y escribiéramos su nombre en ella.
Nos pidió que durante una semana lleváramos con nosotros a todos lados esa bolsa de papas en la mochila. Algunas bolsas eran realmente pesadas. Naturalmente la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo.

El fastidio de acarrear esa bolsa a todo momento, me demostró claramente el peso que cargaba a diario en mi corazón y en mi vida debido al resentimiento. También aprendí, cómo mientras ponía mi atención en ella para no olvidarla, desatendía cosas que eran más importantes para mí.

Este ejercicio me hizo pensar sobre el precio que pagaba por no perdonar algo que ya había pasado y yo no podía cambiar. Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro, sin darnos cuenta que los primeros beneficiados somos nosotros mismos.

Todos tenemos papas pudriéndose en nuestra “mochila” sentimental. La falta de perdón, es como un veneno que tomamos diariamente a gotas, pero con el que finalmente terminamos envenenándonos.

Cuento enviado por Internet.

 

Mucho se habla del perdón. En nuestra sociedad, esta palabra se usa con afán; para solucionar diversas situaciones signadas por el dolor, la rabia o la tragedia, se considera que el solo pronunciarla ya de por si, tiene efectos que permiten remediar acontecimientos que han invadido de sufrimiento la vida de muchas personas.
Es necesario comprender que un ser humano herido en sus relaciones afectivas por alguna pérdida requiere tomar distancia y tiempo para elaborar, decantar y sanar. Esto es como estar en cuidados intensivos emocionales, significa que hay que cuidarse, para no ahondar más las heridas y estar alerta para no aferrarse al dolor.
De igual manera, cuando se albergan sentimientos de rabia, venganza, o castigo, es difícil que haya espacio para sanar y darle paso al perdón; la rabia es una fuerza poderosa que mantiene vivos los recuerdos de dolor y alimenta el orgullo y la soberbia.
Desatar el sufrimiento es una labor de paciencia, aceptación, coraje y amor propio y en algunas oportunidades no se puede hacer solo, hay que buscar ayuda para soltar y dejar ir las memorias de la aflicción, teniendo especial precaución en entender que las respuestas emocionales de cada ser humano son diferentes:

• ¿Qué sería para usted una acción imperdonable?
• ¿Los actos de crueldad se deben perdonar?
• ¿Perdonaría a alguien que le rompe sus sueños, o le frustra su futuro?
• ¿Ha cargado muchas “papas” en su vida?
• ¿Considera que alimentar venganza es perder el tiempo?
• ¿Usted cree que se puede reparar el dolor? ¿Cómo?
• Cuándo le han pedido perdón, ¿como se siente?
• ¿Cree en los actos de arrepentimiento?
• ¿Cómo se le puede devolver la paz, o la alegría a un ser humano?
• ¿Pide usted perdón con frecuencia?
• ¿Ha perdido alguna vez su dignidad?

El perdón es una decisión voluntaria y responsable, que surge como consecuencia de la necesidad de sanar perturbaciones y heridas emocionales, es asumir sentidos y significados diferentes e importantes para la vida, luego de eventos traumáticos y crueles, ocasionados muchas veces por otras personas.
Sin embargo es importante tener en cuenta, que hay una serie de actos previos al perdón, como son: no negar lo que se siente, expresar el dolor, gritar la rabia, preservar la dignidad, ponerle atención a los dilemas éticos, tener claro que no se perdona por obligación y que éste, como parte de los rituales de sanación, requiere de diferentes ofrendas para la recuperación.
En ese andar por la vida, hemos hecho daño y nos lo han hecho a nosotros, unas veces por cosas simples y en otras oportunidades por actos abrumadores que han cambiado de forma intempestiva nuestra vida; la tarea emocional, entonces, es tener claro si lo que nos ha sucedido nos ha llevado a cargar una pesada “mochila” y decidimos seguir con ella hasta el final de nuestros días, o si queremos descargarla y darle otro rumbo a la existencia. Finalmente, la decisión es personal, ¿verdad?

Escrito por Fanny Bernal Orozco (Psicóloga) fannybernalorozco@hotmail.com
Artículo extraído de La Patria. Profesora Titular Universidad de Manizales

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