El hombre estaba sorprendido. Pensó que era un nombre de fantasía, pero no pudo imaginar qué vendían. Entró, se acercó a la señorita que estaba en el primer mostrador y preguntó: -¿Perdón esta es la tienda de la Verdad? -Sí, señor, ¿qué tipo de verdad anda buscando, verdad parcial, verdad relativa, verdad estadística, verdad completa? Así que aquí vendían la verdad, nunca se había imaginado que esto fuera posible, llegar a un lugar y llevarse la verdad, era maravilloso.
-Verdad completa, estoy tan cansado de mentiras y falsificaciones, no quiero más generalizaciones, engaños ni defraudaciones.
-Bien señor, sígame, La señorita acompañó al cliente a otro sector y señalando a un vendedor de rostro adusto, le dijo que él lo atendería. -Vengo a comprar la verdad completa, -¿Ajá, perdón el señor sabe le precio?. -No, ¿cuál es? -Él sabía que estaba dispuesto a pagar lo que fuera por toda la verdad–Si usted se la lleva, el precio es que nunca más podrá estar en paz. Un frío recorrió la espalda del hombre, nunca se había imaginado que el precio fuera tan grande. -Gracias, disculpe –balbuceó. Se dio vuelta y salió del negocio mirando el piso. Se sintió un poco triste al darse cuenta de que todavía no estaba preparado para la verdad absoluta, de que todavía necesitaba algunas mentiras dónde encontrar descanso, algunos mitos e idealizaciones en los cuales refugiarse, algunas justificaciones para no tener que enfrentarse consigo mismo.
“Quizás más adelante”, pensó… Tomado de “Recuentos para Damián”, de Jorge Bucay.
Hay verdades dolorosas, que enfrentan con una realidad, que no se está en condiciones de aceptar, es mejor callar o mentir y vivir en un vaivén emocional, de alguna manera es como estar sujetado con una cadena, un poco extensa que no permite nuevos movimientos.
Hay mentiras que son maravillosas, llenan de ilusión y fantasía y permiten vivir en un mundo de ideales, ideales que en su gran mayoría están alejados de la realidad y originan relaciones superficiales y frívolas, en las cuales se invierte y malgasta una energía, que podría utilizarse en disponerse a contactarse y aceptar la realidad.
Cuando se miente sobre algo, es necesario seguir mintiendo para mantener vigente la mentira, y a esto se le suma el temor y la incertidumbre de que un día el engaño, sea descubierto. Si hemos decidido cerrar ciclos, y sanar los vínculos afectivos, dirijamos los pasos a despertar y a aceptar la verdad a pesar de la frustración y la amargura que èsta pueda producir. ¿Qué verdades, le han quitado la paz?. ¿Prefiere usted, vivir en la ilusión o asumir la verdad, a pesar de lo costosa?,¿Las mentiras le han hecho disfrazarse y cohibir sus sentimientos?, ¿Qué tal, decidir vivir en la ilusión de la verdad?
¿A veces se miente para complacer a otras personas, lo hace usted?
¿Vive, con alguien que le miente con facilidad?
¿Si existiera una tienda, de venta de emociones y valores, usted qué compraría?
Cuando nos aceptamos a nosotros mismos, somos capaces de dedicarnos tiempo para los encuentros con nuestro mundo interior, sin refugios, ni disfraces, e igualmente podemos brindar apertura emocional a otros y construir relaciones claras e incondicionales.
Escrito por Fanny Bernal Orozco (Psicóloga)
fannybernalorozco@hotmail.com


