“Un hombre de cierta edad vino a la clínica dónde había trabajado para hacerse una curación de una herida en la mano. Tenía bastante prisa y mientras se curaba le pregunté qué era eso tan urgente que tenía que hacer. Me dijo que tenía que ir a una residencia de ancianos para desayunar con su mujer que vivía allí.
Me contó que llegaba algún tiempo en ese lugar y que tenía un Alzheimer muy avanzado.
Mientras acababa de vendar la herida, le pregunté si ella se alarmaría en caso de que el llegara tarde esa mañana.
-No, -me dijo-.
-Ella no sabe quién soy. Hace ya casi cinco años que no me reconoce.
Entonces le pregunté extrañado:
-Y si ya no sabe quién es usted, ¿Por qué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas?-
Me sonrió y, dándome una palmadita en la mano, me dijo:
-Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía se muy bien quién es ella.
Tuve que contener las lágrimas mientras salía y pensé:
-Esa es la clase de amor que quiero para mi vida”-.
Tomado del libro “Vitaminas diarias para el espíritu 3”, compilación de Humberto A. Agudelo C. Ediciones Paulinas. Bogotá 2006. Pág. 266.
Solo un amor así puede ayudar a entender y apoyar a otro ser humano en una enfermedad como ésta; cumplir una cita aunque ya no le reconozcan; dejar lo que se está haciendo para tocar las manos de alguien que no reconoce a sus seres queridos, en fin, dejar de vivir un poco, para invertir el tiempo en acompañar y cuidar, así no se obtengan respuestas.
Todos los amores son distintos, sin embargo, en la mayoría de las relaciones, el amor es un intercambio, siempre se quiere algo de vuelta y esta historia marca una diferencia. Este hombre todavía cumple sus citas de amor. Aun cuando los encuentros sean distintos, es el amor hecho gratitud y ternura, como homenaje a la historia que se tejió. Ya no espera recibir nada, sin embargo, sabe que ese ser humano aún es su pareja.
Cuando una persona está enferma cambian muchas cosas a su alrededor, las rutinas son diferentes y todos esos rituales cotidianos toman unos nuevos significados, a veces, éstos son el resultado de transformaciones intempestivas, mientras que en otros, tales situaciones van cambiando paulatinamente.
Cualquiera que sea el caso, no es lo mismo asumir solo una enfermedad que acompañado y rodeado del amor y la ternura de seres queridos. En muchas ocasiones el enfermo no puede valerse por sí mismo y en esa desprotección es vulnerable ante el entorno que le rodea.
En nuestra sociedad no solo se abandonan niños, también se abandonan los enfermos, y existen muchas justificaciones para ello: Que no hay tiempo, que falta dinero, que falta paciencia, que no somos tan cercanos, que no me nace, que para eso están los otros, que no tengo nada para dar, en fin, justificaciones y resistencias, con tal de no dar, de no acompañar, falta voluntad y calidad humana para apoyar y cuidar.
A propósito:
- ¿Qué tan humano es usted?
- ¿Usted qué espera de los que le aman?
- ¿Cree en el amor incondicional?
- ¿Lo ha sentido alguna vez?
- ¿Considera que el amor cura?
- ¿Qué tiene usted para sanar?
- ¿Ha pensado quién lo va a cuidar a usted?
- ¿Se ha preparado para ello?
- ¿Cuidar es un gesto de gratitud?
- ¿Ha pensado que al cuidar se sanan heridas?
- ¿Qué tiene usted para sanar?
- ¿Conoce historias como ésta?
Si se quiere apoyar en esos momentos difíciles, es necesario tener la capacidad de reconocer el dolor y el sufrimiento que hay en los otros, y más aún, aceptarlo de manera respetuosa. No se puede poner en duda que aceptar una enfermedad no es fácil, no obstante, se torna más difícil si se asume una actitud de indiferencia, sumando entonces otros dolores para el enfermo, que no solo está angustiado por su enfermedad sino que además agudiza sus síntomas, al sentir el rechazo o el abandono de las personas que le rodean.
Cuidar a un enfermo es un acto de amor, a través del cual se pueden conjurar de manera maravillosa todas aquellas heridas que no se hayan sanado, sin importar que las respuestas no lleguen de manera inmediata o que quién recibe los cuidados y el amor no tenga ya la capacidad para retenerlos en su memoria.
A propósito ¿Alguien ha sentido por usted un amor así? o ¿su amor por otras personas es así?

