“Una mujer fue a ver a Jesús: su niño había muerto y ella lloraba y se quejaba; era una viuda, nunca tendría otro hijo, su único hijo se había muerto, él, que era todo su amor y a quién prestaba toda su atención…
¿Qué hizo Jesús? Se sonrió y le dijo:
—“Ve a la ciudad y trae algunos granos de mostaza de alguna casa dónde nadie haya muerto”.
La mujer fue corriendo a la ciudad y recorrió casa por casa. Donde quiera que iba le decían:
—“Podemos darte tantos granos de mostaza como quieras, pero la condición no se cumplirá porque ha muerto tanta gente en nuestra casa…”. Así sucedió una y otra vez.
Ella aún tenía esperanzas:
—“Puede ser… ¿Quién sabe? Puede haber una casa en algún lugar que no haya conocido la conclusión:
— “La muerte es parte de la vida. Sucede. No es algo personal, no es una calamidad individual que me ha sucedido solo a mí”. Con esta conclusión fue a ver a Jesús.
— “¿Dónde están los granos de mostaza? “, preguntó Él.
Ella sonrío, cayó a los pies de él y le dijo:
—No pido que mi niño me sea devuelto, porque aun si me lo devuelven, volverá a morir, ya comprendí”.
(Del libro, Los cuentos de Osho).
La muerte llega algunas veces a cortar de tajo sueños e ilusiones, nos hace sentir como náufragos en constante tormenta y en algunos momentos no tenemos de dónde asirnos para mitigar el dolor.
Dolor que no se presenta solo, viene acompañado de miedos, rabias, culpas, amor, sensación de vacío y abandono. Las heridas emocionales que surgen de las pérdidas contienen demasiadas preguntas que se quedan sin respuestas, en tanto los rituales cotidianos, de la conversación y el afecto ya no están más y esa certeza es dolorosa e inevitable.
Es curiosa la muerte; mientras que los seres que amamos y han muerto, se encuentran
su transformación en las estrellas, nosotros aquí seguimos nuestro peregrinaje, algunas veces, reclamándole con rabia su elección.
Las reflexiones y los aprendizajes en el camino del duelo, pueden dar origen a preguntas como estas:
- ¿Por qué me tocó ahora vivir esta experiencia?
- ¿Di lo mejor de mí a ese ser que ha partido?
- ¿Me invita a cambiar algo de mi vida emocional este dolor?
- ¿Participé de su felicidad, o le hice desdichado?
- ¿A través de que rituales, puedo hacer homenajes amorosos, a su memoria?
No tenemos entonces, que ir a buscar los granos de mostaza, las condiciones son iguales para todos, ¿Cuándo?, ¿Cómo?, ¿Con quién? No lo sabemos, solo que debemos prepararnos para esos largos inviernos que generan la aflicción, tejiendo con coraje los hilos de la aceptación y la esperanza.
Escrito por Fanny Bernal Orozco (Psicóloga) fannybernalorozco@hotmail.com
