El Rey estaba enamorado de Sabrina, una mujer de baja condición a la que él había hecho su última esposa. Una tarde, mientras el Rey estaba de cacería, llegó un mensajero para avisar que la madre de Sabrina estaba enferma. Pese a que existía la prohibición de usar el carruaje personal del Rey (falta que era pagada con la cabeza),
Sabrina subió al carruaje y corrió junto a su madre. A su regreso el Rey fue informado de la situación. -¿No es maravillosa? No le importó su vida para cuidar a su madre ¡Es maravillosa!. Otro día mientras Sabrina estaba sentada en el jardín del Palacio comiendo fruta, llegó el Rey. La Princesa lo saludó y luego le dio un mordisco al último durazno que quedaba en la canasta.-¡Parecen ricos! –dijo el Rey
-Lo son –dijo la Princesa y alargando la mano le cedió a su amado el último durazno.
-¡Cuanto me ama! –comentó después el Rey –Renunció a su propio placer, para darme el último durazno de la canasta, ¿no es fantástica?
Pasaron los años y el amor y la pasión desaparecieron del corazón del Rey. Sentado con su amigo más confidente, le decía: -Nunca se portó como una Reina. ¿Acaso no desafió mi investidura usando mi carruaje? Es más, recuerdo que un día me dio a comer una fruta mordida. Tomado de “Recuentos para Damián”, de Jorge Bucay
Cuando el amor se acaba, cambian los recuerdos, unas veces el cansancio y la rutina van acompañados de pérdida de memoria y poco a poco, las imágenes de los momentos felices, se diluyen y se pierden en el tiempo, y todo aquello, que en un momento estuvo lleno de atracción, ilusión y sueños se torna desagradable y fastidioso.
Y a pesar de que en las relaciones amorosas se viven diversas transformaciones, cuando las vivencias construidas no generan alegría, ni orgullo para narrarlas, es posible que llegue el momento en que usted se oiga expresando, como en el cuento mencionado:
‘’-Nunca se portó como una reina’’.
El enamoramiento hace ver, los comportamientos negativos como gestos de fina coquetería; cuando se empieza a acabar el amor, éstos se tornan en defectos; antes había una venda, para no ver las fallas, cuando decae el amor, también desaparece la venda y aquellas fallas, se hacen evidentes y con mucho más rigor.
Muchas veces no se es ni rey, ni reina, es sólo que uno de los dos, quiere y ve en el otro, lo que no es, es decir se enamora, no de ese ser humano, sino de la imagen que ha construido en su mente de él o ella, y espera además que los comportamientos se parezcan a sus deseos y no al sentir particular e intimo de la pareja.
¿Es hoy usted reina o rey?
¿El amar le ha impedido ver en el otro el ser humano que es?
¿Es capaz de ver en el ser que ama, tanto sus cualidades como sus defectos?
¿Se ha sentido defraudado en su relación afectiva?
¿A cuántas personas ha defraudado usted?
Sería interesante terminar las relaciones afectivas, sin desprecio por lo vivido, al fin y al cabo, éstas han hecho parte de nuestras elecciones y experiencias de vida…
Escrito por Fanny Bernal Orozco (Psicóloga)fannybernalorozco@hotmail.com


