Se dice que un guerrero Samurai fue a ver al maestro zen Hakuin y le preguntó:
— ¿Existe el infierno? ¿Existe el cielo? ¿Dónde se hallan las puertas que me llevarán a ellos? ¿Dónde está la entrada?
Era un guerrero sencillo. Los guerreros siempre son sencillos, sin astucia en sus mentes. Sólo conocen dos cosas: La vida y la muerte. Él no había ido allí a aprender ninguna doctrina, tan sólo quería saber dónde estaban las puertas para evitar el infierno y poder entrar al cielo. Hakuin le respondió de la forma en que solo un guerrero podía haberle entendido.
— ¿Quién eres? —Preguntó Hakuin—.
—Soy un guerrero Samurai. —respondió el guerrero—. —Incluso el emperador me respeta.
Hakuin se rió de él diciendo:
— ¿Un samurai, tú? ¡Pero si pareces un pordiosero!
El samurai se sintió herido en su orgullo y olvidó lo que había ido a hacer. Se quitó la espada del cinto y ya estaba a punto de matar. Entonces Hakuin dijo:
—Esta es la puerta del infierno. Esta espada, esta ira, este ego, son las llaves que la abren.
Esto un guerrero lo puede comprender, e inmediatamente el samurai lo entendió. Entonces colocó nuevamente su espada en el cinto y Hakuin le dijo:
—Así es como se abren las puertas del cielo.
Soler Jaume, Conangla Mercé M. La Ecología Emocional, Amat editorial, España 2003. Pág 82.
Cuántas emociones en un momento, en ese fluir y sentir diario, emociones que nos ayudan a contactarnos con nuestro mundo interior y con los demás de manera armoniosa o emociones que se tornan en obstáculos y no nos dejan avanzar.
La ira es una respuesta defensiva cuando sentimos que nuestro entorno está siendo invadido o atacado; si hay una emoción que es perturbadora, es la ira, cuando nos dejamos arrastrar por ella, ya sea por que se guarde y se alimente o porque se exprese de manera inapropiada; la ira no deja ver, tiende un manto sobre la realidad que confunde y desequilibra.
Hay respuestas emocionales que son el resultado de nuestra historia familiar, es posible que el encolerizarse o hacer berrinches con respuestas agresivas sea una pauta aprendida desde niños, ante no conseguir lo que se quiere, sentir envidia de lo que otros tienen, considerar que los demás deben satisfacer todos mis caprichos, comportamientos que influyen en los niveles de tolerancia a la frustración, ego y orgullo de la mano, barreras para no estar en el presente.
Si bien, no somos dueños de nuestros sentimientos, si somos dueños, de lo que hacemos con ellos, y en este sentido es importante aprender a gestionar lo que sentimos. Una manera es aceptar y entender la ira, ¿qué tal que esta sea una manera de cubrir las heridas emocionales que hemos ido acumulando? Que por sentir la ira, ¿le cerremos el paso a la ternura, la creatividad, otros aprendizajes y al amor?
Así entonces, podemos sacar la espada infinidad de veces, o hacer cambios en la manera de responder frente a los eventos que nos quitan la paz.
A propósito: ¿Qué situaciones le quitan a usted su paz?

