Esta es la historia de un imposible que se convirtió en realidad. Un viaje maravilloso por la vida de una mujer que nunca se dio por vencida. Una historia de amor con un final feliz.

Nacida en 1944 en Samaná, un pequeño pueblo de Caldas, la pequeña Beatriz pasó sus primeros años jugando y estudiando. Eran tiempos más sencillos; la vida transcurría entre los cuadernos y las sonrisas que compartía con sus amigos y hermanos.

En aquel entonces, se pensaba que el éxito profesional era algo reservado para los hombres y que las mujeres debían dedicarse exclusivamente al hogar. Sin embargo, a Beatriz, su padre le dio la oportunidad de estudiar el bachillerato en Medellín. Terminando esos estudios, ella anhelaba continuar con la universidad. Aunque esa oportunidad le fue negada, la vida le tenía reservado el éxito en otros caminos, gracias a su capacidad para soñar y resolver muchas tribulaciones.

La joven Beatriz no obtuvo una licenciatura, pero encontró al gran amor de su vida, Jorge Ospina. Junto a él, formó una bella familia con seis hijos, cuatro hombres y dos mujeres.  Felizmente empezó a desempeñar el rol de madre, inculcando en sus hijos los valores que hoy los destacan como personas exitosas. Tristemente esta etapa de su vida no fue larga.  Siendo ella muy joven aún y con el mayor de sus hijos con sólo 6 años de edad, la vida le dio un duro golpe:  el repentino fallecimiento de su esposo.

A partir de su ausencia, vinieron tiempos muy difíciles para toda la familia. Ella vivió en carne propia la avasallante crisis emocional que experimentan muchas mujeres que pierden a su “compañero de viaje”, empezó a sentir el rigor de cubrir todos los gastos de su hogar: la casa, las escuelas o la comida y la dificultad de continuar siendo una madre amorosa y dedicada. Pero bien dicen que del caos nacen bellas estrellas y sin duda de ese tiempo de dolor y apuros surgió el destino de una mujer colmada de fuerza, perseverancia, creatividad, compromiso, generosidad y amor.

¿Quién iba a pensarlo? De un momento a otro, la vida le cambió radicalmente y tuvo que elegir entre darse por vencida o seguir luchando. Ella escogió lo segundo.

El inmenso amor por sus pequeños hijos la empujó a superar la depresión del duelo y a buscar una oportunidad de empleo donde nunca imaginó: en la funeraria local.

Dicen que la vida nos pone en el lugar y el momento precisos para crecer y triunfar, que las tormentas nos muestran de qué estamos hechos y que las más duras adversidades sólo son nuevas oportunidades. En este caso, resultó completamente cierto. Beatriz no se derrumbó. Anheló un mejor futuro para los suyos y tomó la decisión de construirlo. Con todo su ahínco, empezó a trabajar, demostrando su enorme fortaleza, audacia y profesionalismo.

Poco a poco se fue adentrando en el negocio funerario y un día, inesperadamente, tuvo una brillante idea: “¿Y si en lugar de trabajar para otros, comienzo con mi propia sala de velación en casa?” ¡Vaya ocurrencia! Con el apoyo del Monseñor Alberto Jaramillo Gómez, párroco de la Iglesia de San Antonio, convirtió el hogar de sus hijos, ubicado cerca del centro de la ciudad de Manizales, en la pequeña sala de velación de la Funeraria San José.

Parece una locura, ¿verdad? Pero, ¿qué gran idea al principio no parece descabellada? Sin imaginarlo, ella se convirtió en la protagonista de un largo proyecto que daría espléndidos frutos y favorecería a miles de personas.

Cuentan que, por aquellos días, Beatriz preparaba a sus niños para irse a la cama y después se acostaba vestida, completamente dispuesta por si llegaba un servicio de velación a cualquier hora de la noche. Su casa, aquella donde corrían y jugaban sus pequeños en la planta alta, ahora era también el lugar donde una valiente leona peleaba y se sacrificaba para sacarlos adelante. Siendo mujer, madre, viuda y empresaria, nada la detendría.

Posteriormente, alquiló una casa en la Calle 46 y ahí, en 1983, fundó su segunda funeraria: La Candelaria, que durante muchos años fue la mejor funeraria de la ciudad.

Diez años después del inicio de La Candelaria, el 15 de abril de 1993, a las 7:00 de la noche, Beatriz Isaza de Ospina y sus seis hijos lograron materializar otra gran ilusión: La inauguración del edificio de la tercera funeraria: La Aurora, Funerales y Capillas, ubicado en la calle 50 de la ciudad de Manizales. Con mil deudas, pero mucha energía y entusiasmo la familia arrancó una nueva etapa.

A partir de ese momento, la empresa ha tenido un excepcional crecimiento, promoviendo la previsión exequial integral como un modelo de protección, apoyo y soporte para ayudar a las familias a afrontar la difícil pérdida de un ser querido, minimizar la preocupación y el desgaste económico por los altos costos de los servicios funerarios inmediatos y garantizar despedidas dignas.

Actualmente La Aurora Funerales y Capillas, continúa liderada por esta gran mujer y ya se encuentra ofreciendo sus servicios a nivel nacional e internacional.

Sin duda, la tenacidad de Beatriz Isaza de Ospina es un ejemplo para las futuras generaciones emprendedoras, pero, sobre todo, para todas las mujeres. Su espíritu luchador y sobre todo su perseverancia, nos dejan un invaluable legado de enseñanzas.

10 lecciones de vida que nos enseña Beatriz Isaza de Ospina, para convertirse en una mujer exitosa:

  1. Tú eres quien escribe tu historia. No permitas que nadie te diga hasta dónde puedes llegar. Esfuérzate día a día y construye tu propio destino con fe, trabajo, amor y perseverancia.
  2. No importa qué tan grande sean los problemas sino tu capacidad para sobreponerte a ellos. El valor de una mujer se mide por su valentía y determinación a la hora de enfrentar cualquier obstáculo.
  3. Una mujer es mucho más que un sinónimo de belleza; es disciplina, inteligencia, talento y tenacidad.
  4. Todas las mujeres son talentosas. Lo que marca la diferencia es la capacidad que cada una tiene de que creer en sí misma.
  5. El amor es el motor que nos impulsa a perseguir nuestras metas y a no desfallecer.
  6. La familia es lo más importante. Pase lo que pase, debemos permanecer unidos y luchar juntos en cada momento de la vida.
  7. Rodéate de personas que te motiven a luchar, que te inspiren y que te desafíen a sacar lo mejor de ti.
  8. Se creativa. En cada dificultad hay una grandiosa oportunidad para hacer algo bueno y diferente.
  9. Ayuda a los demás. Se solidaria y haz del mundo un lugar mejor para vivir. La vida te recompensará.
  10. Sueña en grande. Visualiza el éxito y no te conformes con menos.
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