Julia tiene cinco años y sus mejores amigos son Cristina y Pablo, que, además, van a su misma clase. Cristina quiero mucho a su perrita Luna, que tiene las patas muy cortas y las orejas tan largas que casi las arrastra por el suelo. Cristina dice que cuando Luna crezca perseguirá conejos por la montaña.

Lo que Pablo más quiere es, además de sus amigos, una armónica que le regaló su tío el día de su cumpleaños. Ahora está aprendiendo a tocarla y ya casi le sale el estribillo del himno del Barsa Y es que Pablo es del Barsa.

Julia no tiene ni una perrita ni una armónica, pero tiene algo mejor: Julia tiene una estrella. No vayas a creer que es una estrella de juguete, ni de esas dibujadas en un papel, que salen en los libros de geografía. No, la estrella de Julia es de verdad, de las que hay en el cielo y se ven de noche .Lo que ocurre es que Julia no puede decirle a nadie que tiene una estrella. Prometió a su madre que sería un secreto entre las dos.

Tiempo atrás, hace ya unos cuantos meses, la madre de Julia, que se llama Paula, no se encontraba nada bien Se quedaba siempre en la cama y tiene una carita blanca, muy blanca. Un día, cuando Julia volvió del colegio, le pidió que se acercase a la cama.

– Julia, tengo que decirte algo – le dijo.

– Sí, mamá – respondió Julia.

– Mira, me han llamado por teléfono para ofrecerme un trabajo.

Julia se quedó de piedra.

– ¡Pero si estás enferma! – Eso no quiere decir nada. Justamente, si hago este trabajo me encontraré mejor. Debo ir a trabajar a una estrella.

Ahora si que Julia no entendía nada de nada. ¿Ir a trabajar a una estrella? ¡Qué cosa más extraña! Paula continuó hablando:

-Claro que lo de mi trabajo tendrá que ser un secreto entre las dos. No puede saberlo nadie más – dijo la madre.

– Es que… nunca había oído que pudiese ir a trabajar a una estrella – insistía Julia.

– Sólo en casos muy especiales. He tenido mucha suerte.

– ¿Y cuándo volverás? – preguntó Julia.

– No lo sé, pero no te preocupes. Cada noche abres la ventana de tu habitación, miras hacia el cielo, hacia la izquierda, y verás una estrella que brilla más de las demás. Allí es donde estaré. Y trataré de hacerte una señal que me reconozcas.

Julia quería preguntarle muchas cosas a su madre: si había alquilado un cohete para viajar hasta la estrella ,si la podría acompañar, si no podría encontrar otro trabajo más cerca, o si lo podría ir a ver alguna vez, pero con todo aquel lío, sólo se le ocurrió preguntarle:

-¿Y tiene que ser un secreto, mamá?

-Sí.

– ¿Y a papá tampoco puedo decírselo?

– Él ya lo sabe. Pero mira, el día que cumplas seis años y medio, se lo explicas y él ya te acabará de

Contar lo que haga falta.

Recuerda: la estrella que brilla más de la izquierda.

Julia abrió la boca para decir algo más ,pero su madre ya se había quedado medio dormida

Y así sucedió. Unos días después se llevaron a Paula y antes de irse, Julia le dio un beso

y su madre aprovechó para susurrarle al oído:

-La estrella, recuérdalo.

Y todo fue tan rápido que Julia no tuvo tiempo de pensar más en ello. En seguida empezaron a ir a su casa los abuelos, los tíos, toda la familia que Julia casi no veía nunca. Todos lloraban y la abrazaban, Incluso el abuelo Pedro dijo al padre de Julia:

-¡Es tan pequeña que no se da cuenta de nada!

Ella, Julia lo único que quería era que se hiciera de noche y que la dejasen ir a su habitación. Por fin lo consiguió. Se quedó ante la ventana cerrada y de repente sintió un poco de miedo. ¿Y si mamá la había regañado? No, su madre no habría hecho nunca algo así. Abrió la ventana de par en par, miró hacia el recorte oscuro del cielo, un poco hacia la izquierda y… ¡allí estaba! La estrella de su madre.

Y era verdad: brillaba más que las demás. Y de repente, a Julia le pareció que incluso titilaba, como si le hiciese guiños. Julia tiene una estrella. Es suya, solamente suya, y es lo que más quiere en este mundo. Claro que, algunos días, las nubes no se la dejan ver y ella se queda un poco triste, pero sabe que al día siguiente, cuando desaparezcan las nubes, la estrella – su madre – le hará un guiño antes de que se meta en la cama.

Eso sí, Julia está nerviosa y ya querría tener seis años y medio para poder hablar de este secreto con su padre. Entonces, tal vez pueda convencerlo para mirar juntos la estrella de mamá. Cada noche, por la ventana de la habitación.

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