Estaba en un aeropuerto cuando observé casualmente a un padre y a su hija despedirse. Se anunciaba la salida del vuelo de ella y junto a la puerta la escuché decir:

– Papá, nuestra vida juntos ha sido más que suficiente. Tu amor es todo lo que siempre necesité. Te deseo ‘lo suficiente’, a ti también. Se besaron y ella partió. Él se encaminó hacia la ventana donde yo estaba sentado.

Ahí parado observé que se puso a llorar.

Intenté no ser un intruso en su privacidad, pero él me preguntó:

– ¿Alguna vez dijo adiós sabiendo que será para siempre?

– Perdone por indagar, ¿por qué es éste un adiós para siempre?, le pregunté.

– Soy viejo y ella vive muy lejos y la realidad es que probablemente su próximo viaje de vuelta será para mi funeral, me contestó con ojos apenados.

Y continué:

– Cuando decía adiós le escuche decir ‘te deseo lo suficiente’ puedo preguntar qué significa

Empezó a sonreír y respondió:

– Ese es un deseo que ha pasado de generación en generación en mi familia. Mis padres lo decían a cualquiera.

– Hizo una pausa por un momento alzando los ojos, como tratando de recordar con detalle y sonriendo con nostalgia prosiguió:

– Cuando nosotros decimos ‘te deseo lo suficiente’, estamos deseándole a la otra persona que tenga una vida llena de ‘suficientes cosas buenas que lo sostengan’.

Continuó mirándome y recitó de memoria:

Te deseo el suficiente sol para mantener tu actitud brillante.
Te deseo la suficiente lluvia para apreciar más el sol.
Te deseo la suficiente felicidad para mantener tu espíritu vivo.
Te deseo el suficiente inconveniente para que los pequeños placeres de la vida parezcan más grandes.
Te deseo la suficiente ganancia para satisfacer tus deseos.
Te deseo la suficiente pérdida para apreciar todo lo que posees.
Te deseo los suficientes ‘holas’ para que te lleven a través del ‘adiós final’.
Entonces, continuó sollozando y se alejó.

Tomado de www.tantrayana.blogspot.com

Las despedidas son dolorosas la mayoría de las veces y cuando se presiente que son para siempre se tornan más dramáticas y conmovedoras. No siempre hay que pensar: ‘y si ésta fuera la última vez’;…sin embargo les invito a que piensen cómo serían las relaciones y los vínculos si los tiempos que se comparten con los seres queridos siempre fueran nutritivos y cálidos; quizás los escenarios familiares y sociales fueran distintos y habría una actitud de responsabilidad para usar las palabras de manera respetuosa.

Al respecto, algunas personas consideran que la muerte llega más rápido a quienes se encuentran enfermos o viejos, sin embargo no es así, la muerte toca la puerta en diversos momentos y edades, sin limitaciones ni restricciones, para ella no hay nada prohibido, llega sin que se le espere, invite o necesite. Pensar que la muerte se encuentra cerca o que el tiempo se está agotando, lleva a que las despedidas se hagan no como un acto mecánico, frío y cotidiano, sino con la conciencia de la incertidumbre, aunque no es éste un gesto que se asuma con frecuencia.

Por ello en las narrativas de quienes han perdido a un ser querido cobran tanta importancia algunos instantes compartidos y casi siempre la siguiente interrogación: ¿si yo hubiera sabido que estos eran los últimos momentos, los habría disfrutado al máximo, hubiera sido inolvidable el encuentro, hubiera dado lo mejor de mí?.

Sin embargo, los ‘hubiera’, en estos casos no existen, por más que se piense en ellos y algunas personas se hagan daño con estos pensamientos, solo logran castigarse. Ser conscientes de la presencia e importancia de un ser humano cuando está vivo sería lo sano e ideal, para no tener que vivir con tantas preguntas o remordimientos, lo anterior no quiere decir que cuando ese ser querido falte no duela, significa que es un duelo con paz interior pues se ha dado lo mejor y como en la historia de hoy se ha deseado lo suficiente con el ánimo de que las experiencias que se vivan tengan sentido y significado.

Escrito por Fanny Bernal Orozco (Psicóloga) fannybernalorozco@hotmail.com
Profesora Titular Universidad de Manizales.
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