Dos amigas se encontraban tomando un café y una le comenta en tono de queja a la otra: -Mi mamá me llama mucho para decirme que vaya a conversar con ella. Yo voy poco y en ocasiones siento que me molesta su forma de ser. Ya sabes cómo son los viejos. Cuentan las mismas cosas, además nunca me faltan los compromisos; que el trabajo, que mi novio, que los amigos. -Yo en cambio, le dijo la compañera, converso mucho con mi mamá.

Cada vez que estoy triste, voy con ella, cuando me siento sola, cuando tengo un problema y necesito fortaleza, acudo a ella y me siento mejor.

-Caramba, eres mejor que yo, apuntó la otra. -No lo creas, soy igual que tú, respondió con tristeza, visito a mi mamá en el cementerio. Murió hace tiempo, pero mientras estuvo conmigo, tampoco yo iba a conversar con ella y pensaba lo mismo que tu. No sabes cuánta falta me hace su presencia, cuánto la echo de menos y cuánto la busco ahora que ha partido. Si de algo te sirve mi experiencia, habla con tu mamá hoy que todavía la tienes, valora su presencia resaltando sus virtudes que seguro las tiene y trata de hacer a un lado sus errores que de una u otra forma ya hacen parte de su ser. No esperes que esté en un cementerio, porque  ahí la reflexión duele hasta el fondo del alma, porque entiendes que ya nunca podrás hacer lo que dejaste pendiente, será un vacío que nunca podrás llenar, no permitas que te pase lo que me pasó a mí. Tomado del libro “Espejos”, compilación de Carlos Eduardo Orozco

En la vida diaria y con el correr de los días y los años, se van dejando por los caminos algunos asuntos pendientes sin resolver, son a veces acciones ligadas a la intimidad afectiva, al dar, al compartir con los demás, desde dedicar tiempo, hasta brindar afecto, tareas sencillas y simples, que generan serenidad y confianza, cuando se cruzan los puentes, en el encuentro con los otros.

Esta historia de las dos amigas, que se contactan en las quejas, cada una a su manera, nos invita a hacer las siguientes preguntas: -¿Hace usted feliz a otras personas?

-¿A quiénes sus actitudes les causa dolor?. -¿Tiene culpas relacionadas con la indiferencia?

-¿Siente que el miedo, no le permite expresar lo que quisiera?

-¿El amor que usted da y recibe podría ser mejor?.-¿Cree que pierde imagen, ante los demás, si comunica sus sentimientos?. Aunque como ejercicio terapéutico, los rituales que dejan fluir las emociones y sentimientos reprimidos son de gran valor en la asunción de los duelos, éstos pueden ser más dramáticos si les sumamos los dolores de la culpa y la falta de bondad para con los seres queridos. Es verdad es que a veces nos demoramos mucho para aprender qué es lo verdaderamente esencial para nuestras vidas, sin embargo, la lección en esta historia, que puede ser la experiencia de cualquier persona, es no esperar a que la muerte llegue, ya que en ese momento muchas preguntas se quedaran sin respuestas, los seres que han esperado por nuestras palabras y caricias van a partir sin recibirlas, y la lista de asuntos pendientes, se quedara sin realizar.-¿Qué prefiere usted?

 

Escrito por Fanny Bernal Orozco (Psicóloga)
fannybernalorozco@hotmail.com
Tomado de la columna dominical: Había una vez. Diario La Patria. Abril 8 de 2007.
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