Cuando preguntaron al Rabino Berditchev cuál era el camino correcto, el de la pena o el de la alegría, dijo:-Hay dos clases de penas y dos clases de alegrías. Cuando un hombre piensa en las desgracias que han recaído sobre él, cuando se encoje de miedo en un rincón y pierde las esperanzas de obtener ayuda, ésta es una mala clase de pena, según lo siguiente: 

“La Presencia divina no habita en un lugar de abatimiento”.

– La otra clase es el dolor honesto de un hombre que sabe lo que le falta. Lo mismo vale para la alegría. Quien carece de sustancia interior y en medio de sus placeres vacuos, no la siente ni tampoco intenta llenar su falta, es un loco. – Pero quien es verdaderamente feliz es como aquel hombre cuya casa ha quedado destruida por el fuego, siente que la necesita muy dentro del alma y la empieza a reconstruir de nuevo.- “Su corazón se alegra al poner cada piedra”.

Tomado de “Néctar para el alma” de Jack Kornfield y Christina Feldman

Las penas y las alegrías en los seres humanos son todas diferentes, no hay un dolor igual a otro, no hay una alegría, parecida a otra, así como no hay  amores parecidos entre sí.

Todos hemos sentido penas y alegrías, a pesar de que a veces, la actitud sea la de controlar, reprimir o esconder lo que se siente detrás de una fuerte coraza emocional. Las corazas están unidas a las creencias, así por ejemplo, el miedo puede ser un miedo que derrota, cuando se cree que no se es capaz de enfrentarlo, y que se está en lo correcto a sabiendas de que hace daño.    Es cierto que las armaduras son como salvavidas, pueden usarse para sobrevivir, aunque sea a costa de alejarse del sentir esencial, un remedio contra el miedo es desarrollar el sentido de la existencia.

Otro remedio para enfrentar el miedo, es dedicar cada día un tiempo para fortalecer la espiritualidad, a partir de rituales que invoquen y desarrollen la paz interior y la generosidad del corazón. Pueden surgir las siguientes preguntas….

¿Y si un día la armadura se rompe, cómo salir airoso de esta experiencia?

¿Qué necesitamos aprender para saber qué es lo que hace falta?

¿Sus penas y miedos le llevan a alejarse y encerrarse?

¿Las alegrías de su vida, se tornan en recursos emocionales, para sus días de invierno?

¿Cuando usted reconstruye algo en su vida, lo hace desde el desdén, o desde la alegría?

¿Se puede tener dentro de sí un desierto o un jardín, usted qué tiene?

¿El dolor que fluye y el dolor que produce abatimiento, son los mismos?

Se dice popularmente, que uno no es dueño de la cara que tiene, pero sí de la que pone; la manera como respondemos en los momentos de pena o de alegría, hace parte de la gestión emocional y de los aprendizajes construidos durante la vida y si bien como parte de la historia individual o familiar son significativos, también es cierto que se pueden cortar o cambiar, cuando con ellos nos infringimos sufrimiento o se lo generamos a los demás.

Finalmente el cultivo de la espiritualidad es una manera, de ir al encuentro del camino correcto, es desarrollar las potencialidades, es elegir la victoria, en vez de la derrota emocional.

 

Escrito por Fanny Bernal Orozco (Psicóloga)
fannybernalorozco@hotmail.com
Tomado de la columna dominical: Había una vez. Diario La Patria. Abril 15 de 2007.
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