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Duelos

Las mascotas o animales de compañía forman parte de nuestra vida, familia y hogar. Adoptarles significa establecer un compromiso y un vínculo emocional significativo. Ellas se ganan un lugar especial en nuestro corazón con su nobleza, lealtad, compañía, travesuras y ternura.

Está demostrado que tener una mascota tiene muchos beneficios:

  • Fortalecen el sistema de defensa del cuerpo
  • Reducen el estrés y mejoran el estado de ánimo
  • Favorecen los vínculos afectivos y gusto por la vida
  • Motivan la expresión emocional y el contacto físico
  • Desarrollan el cuidado de otros
  • Enseñan hábitos y normas
  • Son una excelente compañía a cualquier edad
  • Nos entretienen y divierten
  • Nos permiten entender el ciclo de la vida: nacemos y morimos.

Debido a que la expectativa de vida de las mascotas es más corta que la de los humanos, es común que la gente atraviese por uno o varios duelos por la pérdida de éstas.

Aunque algunas personas subestiman la muerte de una mascota, es necesario entender que el profundo dolor y la dificultad del proceso de esos duelos están relacionados con la intensidad del apego, no con el tipo de ser que se pierde.

Puesto que cada persona es única, todos los procesos de duelo son diferentes, pero es común experimentar: tristeza y enojo intenso, soledad, hostilidad hacia las personas que rodean, aislamiento, antipatía hacia otras mascotas y alucinaciones relacionadas con la mascota fallecida, como ruidos u olores.

Para superar el duelo por una mascota, se recomienda: expresar, llorar cuanto sea necesario, adaptarse poco a poco a la ausencia, tener el apoyo de seres queridos, recordar los buenos momentos con la mascota, evitar sufrir, ser paciente y no desistir.

Una mascota nunca podrá reemplazarse, pero se puede conmemorar con cariño y volver a abrir el corazón a otro animalito. Recuerde que amar y acoger a un nuevo animal de compañía no es una traición por la cual debamos sentir culpa, es darnos la oportunidad de volver a ser felices y brindar cariño.

Se sugiere haber superado el duelo, antes de adoptar una nueva mascota. Si usted piensa regalar una mascota a alguien que recientemente perdió otra, lo mejor es pedirle al doliente su consentimiento y asegurarnos de que está listo para esa nueva relación.

Recuerda que en el Centro de Intervención y Aprendizaje en Duelo de La Aurora Funerales y Capillas tenemos un equipo especializado y dispuesto a apoyarte en tus procesos de duelo por la pérdida de una mascota. ¡Cuenta con nosotros!

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La muerte de un hijo se considera en contra del orden lógico de la vida y deja una huella de dolor que permanece gravada en el corazón de la madre.

Parte de la identidad y existencia de la madre se pierde con el fallecimiento del su hijo. Su futuro cambia para siempre. Ella no sólo pierde la presencia física de su hijo, sino también todos los sueños, proyectos y expectativas que tenía en mente, incluso desde antes de que éste naciera.

La madre en duelo suele presentar emociones intensas: una tristeza avasallante y un enojo contra la vida, la gente y Dios que se apodera de ella, como un huracán que arrasa con todo lo que encuentra a su paso.

Suele cuestionarse si podrá sobrevivir la pérdida o si la vida posterior tendrá algún sentido. En estos casos, es importante ayudarle a mantener la calma y a no perder la esperanza porque es una pérdida que sí se puede superar.

Durante la primera etapa del duelo, es frecuente que se sienta abrumada y confundida con la nueva realidad. Inclusive, durante los primeros meses, es posible que tenga alucinaciones auditivas, olfativas y/o visuales relacionadas con su hijo. Todas estas experiencias son absolutamente normales durante el proceso de duelo.

A medida que se trabaja el dolor, la pérdida, la adaptación y la reconstrucción del plan de vida, la madre irá mostrando mejorías paulatinas.

Transcender el duelo no significa que la añoranza o el dolor desaparecerán, sino que las emociones serán menos intensas, permitiendo que la madre pueda continuar con su vida.

En el proceso de duelo es importante tomar en cuenta:

  • Permitir el llanto como recurso para la expresión y liberación emocional
  • Ser compasiva consigo misma y no cargar culpas innecesarias
  • Ser paciente y persistente. No perder la esperanza. Habrá unos días mejores que otros.
  • Cuidar su salud; no dejar de comer, aunque tenga poco apetito.
  • No tomar medicamentos sin prescripción médica porque cada cuerpo reacciona diferente ante éstos.
  • No tomar decisiones importantes durante el duelo.
  • Darse tiempo para adaptarse. Recordar que su hijo vivió en casa y que ahí

se encuentran los mejores recuerdos.

  • No establecer un tiempo fijo para superar el duelo. Cada persona tiene su proceso, su tiempo y su cierre.
  • No preocuparse si pasado un tiempo y en ciertos eventos significativos que le recuerden a su hijo vuelve a presentar alguna crisis. Es necesario darse la oportunidad de sentir y expresar tantas veces sea necesario.
  • Consultar a un psicólogo especialista en duelo que le pueda ayudar a resolver la pérdida y adaptarse. Cuente con el CIAD.

Referencia bibliográfica:

S.A; (2014). Manejo del duelo, ¿Cómo afrontar la muerte de un hijo? Recuperado de: http://manejodelduelo.com/como-afrontar-la-muerte-de-un-hijo/

Datos de contacto de nuestro CENTRO DE INTERVENCIÓN Y APRENDIZAJE EN DUELO:

Teléfono: 8997700 ext 826 – 100

E-mail: centrodeduelo@laaurora.co

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Julia tiene cinco años y sus mejores amigos son Cristina y Pablo, que, además, van a su misma clase. Cristina quiero mucho a su perrita Luna, que tiene las patas muy cortas y las orejas tan largas que casi las arrastra por el suelo. Cristina dice que cuando Luna crezca perseguirá conejos por la montaña.

Lo que Pablo más quiere es, además de sus amigos, una armónica que le regaló su tío el día de su cumpleaños. Ahora está aprendiendo a tocarla y ya casi le sale el estribillo del himno del Barsa Y es que Pablo es del Barsa.

Julia no tiene ni una perrita ni una armónica, pero tiene algo mejor: Julia tiene una estrella. No vayas a creer que es una estrella de juguete, ni de esas dibujadas en un papel, que salen en los libros de geografía. No, la estrella de Julia es de verdad, de las que hay en el cielo y se ven de noche .Lo que ocurre es que Julia no puede decirle a nadie que tiene una estrella. Prometió a su madre que sería un secreto entre las dos.

Tiempo atrás, hace ya unos cuantos meses, la madre de Julia, que se llama Paula, no se encontraba nada bien Se quedaba siempre en la cama y tiene una carita blanca, muy blanca. Un día, cuando Julia volvió del colegio, le pidió que se acercase a la cama.

– Julia, tengo que decirte algo – le dijo.

– Sí, mamá – respondió Julia.

– Mira, me han llamado por teléfono para ofrecerme un trabajo.

Julia se quedó de piedra.

– ¡Pero si estás enferma! – Eso no quiere decir nada. Justamente, si hago este trabajo me encontraré mejor. Debo ir a trabajar a una estrella.

Ahora si que Julia no entendía nada de nada. ¿Ir a trabajar a una estrella? ¡Qué cosa más extraña! Paula continuó hablando:

-Claro que lo de mi trabajo tendrá que ser un secreto entre las dos. No puede saberlo nadie más – dijo la madre.

– Es que… nunca había oído que pudiese ir a trabajar a una estrella – insistía Julia.

– Sólo en casos muy especiales. He tenido mucha suerte.

– ¿Y cuándo volverás? – preguntó Julia.

– No lo sé, pero no te preocupes. Cada noche abres la ventana de tu habitación, miras hacia el cielo, hacia la izquierda, y verás una estrella que brilla más de las demás. Allí es donde estaré. Y trataré de hacerte una señal que me reconozcas.

Julia quería preguntarle muchas cosas a su madre: si había alquilado un cohete para viajar hasta la estrella ,si la podría acompañar, si no podría encontrar otro trabajo más cerca, o si lo podría ir a ver alguna vez, pero con todo aquel lío, sólo se le ocurrió preguntarle:

-¿Y tiene que ser un secreto, mamá?

-Sí.

– ¿Y a papá tampoco puedo decírselo?

– Él ya lo sabe. Pero mira, el día que cumplas seis años y medio, se lo explicas y él ya te acabará de

Contar lo que haga falta.

Recuerda: la estrella que brilla más de la izquierda.

Julia abrió la boca para decir algo más ,pero su madre ya se había quedado medio dormida

Y así sucedió. Unos días después se llevaron a Paula y antes de irse, Julia le dio un beso

y su madre aprovechó para susurrarle al oído:

-La estrella, recuérdalo.

Y todo fue tan rápido que Julia no tuvo tiempo de pensar más en ello. En seguida empezaron a ir a su casa los abuelos, los tíos, toda la familia que Julia casi no veía nunca. Todos lloraban y la abrazaban, Incluso el abuelo Pedro dijo al padre de Julia:

-¡Es tan pequeña que no se da cuenta de nada!

Ella, Julia lo único que quería era que se hiciera de noche y que la dejasen ir a su habitación. Por fin lo consiguió. Se quedó ante la ventana cerrada y de repente sintió un poco de miedo. ¿Y si mamá la había regañado? No, su madre no habría hecho nunca algo así. Abrió la ventana de par en par, miró hacia el recorte oscuro del cielo, un poco hacia la izquierda y… ¡allí estaba! La estrella de su madre.

Y era verdad: brillaba más que las demás. Y de repente, a Julia le pareció que incluso titilaba, como si le hiciese guiños. Julia tiene una estrella. Es suya, solamente suya, y es lo que más quiere en este mundo. Claro que, algunos días, las nubes no se la dejan ver y ella se queda un poco triste, pero sabe que al día siguiente, cuando desaparezcan las nubes, la estrella – su madre – le hará un guiño antes de que se meta en la cama.

Eso sí, Julia está nerviosa y ya querría tener seis años y medio para poder hablar de este secreto con su padre. Entonces, tal vez pueda convencerlo para mirar juntos la estrella de mamá. Cada noche, por la ventana de la habitación.

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corazonDicen algunas personas que las pruebas de amor son importantes y necesarias. Hay quienes piden y reciben mucho, otros no reciben nada, mientras algunos piensan que el amor está unido al dinero y a los regalos costosos.

Escuchamos constantemente frases como: “Ese hombre la adora. No es sino ver todo el gusto que le da, de las marcas más reconocidas y costosas”; o “a ella no le importó dejar su carrera y el trabajo, que era uno de sus sueños, solo para darle gusto a él”.

Expresiones que son viejas y también actuales, en las que como vemos en la primera expresión, el último grito de la moda, los costos, las marcas, el dinero, son los ejes más importantes para halagar y mantener la relación, y en la segunda es el dejar de ser y hacer lo que se desea, con tal de tener a alguien al lado.

-¿Quién está equivocado?

-¿Dónde está la razón?

Y qué tal los padres y las madres que consideran que a los hijos hay que garantizarles todo, desde los caprichos más simples hasta el cuidado más elemental: “Yo siempre me levanto a calentarle la comida a mi niño cuando llega tarde. Es que a él no le gusta meterse a la cocina”. (Hijo de 34 años).

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86-2Duelo en los niños, tarea de adultos

El duelo en los niños es un asunto delicado que requiere atención, tiempo y consideración. Elisabeth Kübler-Ross, médica psiquiatra que el 24 de agosto pasado cumplió 13 años de fallecida, afirmaba que el duelo en los adultos es cosa de años, mientras que el duelo en los niños es asunto de toda la vida.

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Había una vez un hombre que peregrinaba por el mundo fijándose en aquello que veía. Un día llegó al pueblo de Kammir, antes de entrar en él, vio un caminito que le llamo la atención porque estaba cubierto de árboles y flores. Cogió aquel desvío y llegó a una valla  de madera con una puerta de bronce, entreabierta, como invitándole a entrar. El hombre traspaso el umbral y empezó a andar entre  piedras blancas, distribuidas entre los árboles, como por azar. Era el cementerio del pueblo.

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