comprasAfirmaba Oscar Wilde: “Hoy día la gente sabe el precio de todo y el valor de nada”. Frase fuerte que provoca diferentes pensamientos frente al dinero, los valores personales y sociales.
Por una parte, la mayoría de las personas sueña con tener dinero y disfrutarlo. Hasta hacen largas listas de lo que van a comprar si, por ejemplo, se ganan la lotería. Otros seres, en cambio, trabajan duro para obtener ingresos para no solo soñar, sino hacer realidad los sueños.

Entre tanto, hay individuos a quienes no les basta con disfrutar el poder y obtener lo que quieren, sino que además son insaciables. Siempre quieren más y más. Comprar les excita y les genera euforia, fase que es pasajera.
Por el contrario, los valores, aquellos que caracterizan a las personas y los tornan más humanos, no son precisamente a los que se les presta la debida atención, tampoco se les invierte tiempo. Se está más ocupado en el tener que en el ser, al fin y al cabo, el ser no genera reconocimientos o réditos que puedan mostrarse ni con los cuales, se pueda hacer ostentación.
Algunos especialistas consideran que los actos de comprar y de gastar de manera obsesiva (lo que se denominan oniomania) son acciones realizadas por seres con señales de ansiedad, frustración, baja autoestima, pobre control de impulsos y trastorno de ánimo, entre otros. Esto indica que no están bien de salud mental y requieren de ayuda profesional.
Las insatisfacciones y frustraciones personales pueden llevar a una persona a mostrar estos síntomas. Hay quienes no duermen cuando saben que hay rebajas en almacenes y compran, porque creen que las cosas están baratas. Se crean necesidades o argumentan la compra diciendo: “esto está muy barato. Hay que comprarlo”.
Un señor contaba que al desocupar su casa para mudarse a un apartamento más pequeño, botó lo que había en un cuarto que estaba colmado de cajas sin abrir. Objetos comprados por muchos años, que nunca nadie necesito ni disfrutó, solo la esposa en el momento de comprarlos.
En esta feria de vanidades y de egos, parece que hay familias en constante competencia: ¿Quién de ellas hizo más viajes?, ¿qué chucherías trajo?, ¿cuántas fotos de rostros sonrientes subieron a las redes?, ¿cuántas cirugías se han hecho al año?, y ¿con cuántas botellas de licor consumido, se han creído el cuento y han alardeado de que son las personas más felices, bellas e importantes del universo?
Es un mundo banal y superficial donde los caprichos y el analfabetismo emocional llevan a las personas a mostrar y exponer la vida como si fuera mercancía. Se requiere un arduo trabajo para fortalecer y cultivar la autoestima, se necesita de fuerza y coraje para aprender a ser auténticos, firmeza para asumir otros retos y transformaciones, confianza para no dejarse llevar por lo que opinen los demás, tareas que empiezan desde el mundo interior y no desde el afuera, cuando se le da más importancia a los precios y a las marcas.
Por: Fanny Bernal

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