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‘Muchas gracias’ es una simple frase que se usa en diferentes situaciones. Forma parte de las normas sociales y familiares. Expresarla con el corazón a otros seres humanos es hermoso y suena maravillosamente cuando se escucha de los labios de las demás personas. En alguna parte leí que “la gratitud es la memoria del corazón”, memoria para recordar, para mantener en la historia personal, para no olvidar.

 

 

 

La gratitud tiene que ver con el cómo se recibe el apoyo en momentos de dificultad, angustia, dolor, miedo, crisis, desolación o precariedad económica, esto de parte de amigos, familiares, compañeros y -en ocasiones- hasta de desconocidos que tienden la mano generando seguridad y confianza en tiempos de vicisitudes.

Santo Tomás de Aquino, en su tratado Suma Teológica, afirma que la gratitud se compone de tres grados: Reconocimiento, agradecimiento y retribución. Reconocimiento del beneficio recibido, agradecimiento por lo oportuno del apoyo y retribución que en muchos casos significa tener un gesto de recompensa con quien ha hecho el bien.

Esta acción no siempre se puede llevar a cabo, puesto que hay benefactores que no son conocidos; otros que -aunque se sepa su identidad- lo hacen por altruismo, sin requerir nada a cambio y, algunos más, que simplemente prefieren quedar en el anonimato. Lo más importante es, en todo caso, por lo menos no echar en el olvido los favores recibidos.

En la vida cotidiana es frecuente encontrar historias de personas que sufren amnesia de gratitud. Son seres totalmente lúcidos cuando necesitan el apoyo de familiares o amigos, tanto es así que hasta adquieren capacidades histriónicas para sensibilizar y generar pesar.

Sin embargo, cuando se trata de recordar los beneficios recibidos, como por ejemplo devolver algún dinero prestado, prefieren perder familiares o amigos pues sufren amnesia selectiva, la misma que los aleja de quienes los socorrieron. Llegan a comportarse como sus enemigos y ni hablar de que se les recuerden estos asuntos, porque responden: “Me lo está sacando en cara. Me está humillando”. Asumen el papel de víctimas.

Hay quienes creen que si en la familia hay alguien más pudiente o con dinero, tiene la obligación de darle trabajo a quienes estén cesantes e inclusive a apoyarles proyectos personales. Si hay una respuesta negativa o se acaba el contrato, toda la familia se molesta y hace lo posible por señalar y culpar a quien antes era el benefactor. Ahí donde antes había una amistad, surge la rabia familiar.

Entre amigos o compañeros hay sucesos dolorosos. Lo que empezó siendo un hermoso gesto de apoyo, se convierte en un evento de penuria, debido a actitudes de irresponsabilidad, irrespeto, indiferencia, falta de honradez y de vergüenza. Se trasmuta en abuso de confianza, vulnerando de manera irremediable la historia compartida.

La gratitud es una virtud que involucra emociones y sentimientos, que genera satisfacciones y que ennoblece el corazón tanto de quien da, como de quien recibe.

La amnesia de gratitud es inmensa en esta sociedad. Relaciones que se fracturan, vínculos que se rompen, etc, en especial cuando se asume una actitud de manos tendidas esperando solo recibir, sin pensar en la reciprocidad por lo menos del recuerdo.

Fanny Bernal

Psicóloga – Docente Universidad de Manizales.

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